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Por Rogelio Muñiz Toledo
“Paradójicamente, la televisión es más decisiva (y distorsionadora)
cuanto más democrática, es decir fiable, es la elección de candidatos,
como en Estados Unidos, en las elecciones primarias … Pero obviamente
influye también en las elecciones partitocráticas de los candidatos”
Como premio de consolación por su fallida precandidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, se ha oficializado que Omar Hamid García Harfuch será el precandidato único de Morena al Senado para la primera fórmula por la capital de la república; lo cual le asegura el ingreso al Senado porque incluso si Morena ocupara el segundo lugar en esa elección en la Ciudad de México él sería senador de primera minoría.
Esta decisión ha pasado sin cuestionamientos ni reclamos por parte de muchos de los morenistas que se oponían a su designación como precandidato a la Jefatura de Gobierno, a pesar de que las razones por las que consideraban inmerecida e inconveniente tal designación persisten y son tan válidas para el caso de la precandidatura fallida como para esta otra.
Muchos de quienes se oponían -con sólidos argumentos y sobradas razones- a que García Harfuch fuera el candidato de Morena a la Jefatura de Gobierno ahora guardan silencio ante su inminente ingreso al Senado y, más grave aún, ante su altamente probable nombramiento como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana en el gobierno de Claudia Sheinbaum, en caso de que ella gane la elección presidencial en 2024. Ven ahora como algo normal que sea precandidato al Senado o futuro secretario de estado encargado de la seguridad en el país, a pesar de los cuestionamientos previos.
Cómo pueden quedar tan fácilmente en el olvido su evidente falta de idoneidad como candidato de la izquierda y los cuestionamientos sobre su desempeño como policía en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña y como discípulo de Luis Cárdenas Palomino y de Genaro García Luna, hechos que documentó con solidez la periodista Anabel Hernández en Aristegui Noticias desde hace más de tres años.
Los cuestionamientos sobre su desempeño como policía en dependencias federales entre 2008 y 2018 -que no han sido desmentidos o al menos desvirtuados en forma fehaciente- fueron parte central del debate entre morenistas, analistas y periodistas en torno a la precandidatura de quien era presentado como el “super policía”.
La discusión sobre la idoneidad del perfil de García Harfuch para ser el precandidato de Morena a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México no solo evidenció que quien fuera secretario de seguridad en el gobierno de Claudia Sheinbaum no tenía ni la trayectoria política, ni los méritos partidistas, ni el perfil idóneo para que se le postulara para ese cargo.
Si se ve más allá de la fallida precandidatura a la Jefatura de Gobierno, con los cuestionamientos a su desempeño como policía federal también se evidenció que su perfil no era idóneo para ser secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, cargo para el que lo nombró en 2019 la entonces Jefa de Gobierno y que ocupó por casi cuatro años.
Ante los señalamientos sobre su trayectoria como policía federal, la ex Jefa de Gobierno debiera rendir cuentas a los habitantes de la Ciudad de México sobre los cuestionamientos sobre la idoneidad de García Harfuch para haber ocupado el cargo de secretario de Seguridad Ciudadana para el que ella lo nombró.
En vez de insistir en promover a su excolaborador para un puesto de elección popular, Claudia Sheinbaum debiera ocuparse de aclarar ante la ciudadanía algunas cuestiones: ¿antes de nombrarlo secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México investigó sus antecedentes como policía en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña?, ¿tenía noticia de los cuestionamientos sobre su desempeño en la policía federal y a pesar de ello decidió nombrarlo?, ¿se analizarán y aclararán los señalamientos sobre su desempeño como policía en las instancias federales, entre 2008 y 2018, y en la Ciudad de México, entre 2019 y 2023, antes de nombrarlo, si fuera el caso, como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno Federal ante la eventualidad de que sea ella la próxima presidenta de México?
La precandidatura de García Harfuch también debiera abrir la discusión sobre un tema relevante en las democracias contemporáneas: el peso de los medios de comunicación en lo que se denomina la “construcción de las candidaturas”. Es evidente que desde hace por lo menos tres años la entonces Jefa de Gobierno inició el proceso para “construir” la candidatura de García Harfuch para impulsarlo como su sucesor.
La campaña mediática para presentarlo como el “súper policía” -cargada más de elementos simbólicos que de datos que avalaran sus supuestos resultados en materia de seguridad- fue parte fundamental de la “construcción” de su probable sucesor, es decir, de su delfín para 2024, y de su anhelado, y ahora poco probable, “Maximato en la Ciudad de México” en la que ella fuera la “Jefa Máxima” y su fallido sucesor, es decir García Harfuch, fuera el “Regente” encargado de administrar la capital del país bajo el mando de la presidenta de la república.
Campaña que incluyó entrevistas a modo -en las que se evitaba cuestionarlo a fondo sobre temas de su pasado como policía federal o sobre la persistencia de algunos delitos en la ciudad- y, sobre todo, una sobreexposición en medios de comunicación masiva al presentarlo incesantemente en eventos en los que la Jefa de Gobierno destacaba reiteradamente el trabajo y los supuestos resultados positivos de su secretario de Seguridad Ciudadana.
Para construir la precandidatura de García Harfuch se reforzó dicha campaña en medios para presentarlo, aparentemente, como el aspirante más competitivo. Se trataba de continuar creando la imagen del “superhéroe” que salvó a la Ciudad de México de la delincuencia y el único que podía ganarle a la alianza opositora en 2024.
Pero las cifras del INEGI sobre la percepción de inseguridad en la capital de la república y las encuestas sobre intención del voto decían otra cosa. No hay tal éxito en materia de seguridad y todas las encuestas previas a la decisión del partido mostraban que Clara Brugada era tan competitiva como García Harfuch en los careos con todas y todos los aspirantes del frente opositor.
Mediante una campaña cuestionable por dispendiosa, frívola (utilizando la imagen de Batman asociada al aspirante, entre otras liviandades) y sin propuestas (con un discurso centrado exclusivamente en “dar continuidad al gobierno de la doctora Sheinbaum”), la imagen del “exitoso policía” que se le construyó a García Harfuch fue un evidente producto mediático -muy probablemente efímero- de la “vídeo-política” (de acuerdo con la definición de Giovanni Sartori en su ya clásico libro Homo videns**).
Se trató de una estrategia dirigida a incidir en el proceso interno de Morena con un producto mediático construido mediante un proceso condicionado fuertemente por los medios para “ayudar a vencer al vencedor”, en el que “la televisión se exhibe como portavoz de una opinión pública que en realidad es el eco de regreso de la propia voz” (Sartori dixit). Como en su momento sucedió con la creación de la imagen de Enrique Peña Nieto.
La evidente incapacidad de García Harfuch para definir qué es la izquierda dentro del espectro político o para esbozar siquiera una aproximación a una propuesta de gobierno progresista para la Ciudad de México eran peccata minuta frente a los cuestionamientos sobre su actuación como policía en instancias federales de los más recientes “gobiernos del PRIAN” (los morenistas dixit).
Funcionó la campaña mediática impulsada por quienes -desde el ala de Morena afín a Claudia Sheinbaum y desde grupos de poder identificados con los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña- buscaron a como diera lugar llevarlo a la Jefatura de Gobierno. García Harfuch ganó en las encuestas.
Pero Claudia Sheinbaum y el equipo de campaña de García Harfuch no contaban con que la candidatura de Clara Brugada generara en las élites y en las bases de Morena un apoyo capaz de contrarrestar la campaña mediática en favor del delfín de la ex Jefa de Gobierno. Lo que los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión) hacían por García Harfuch, las élites y las bases de Morena que simpatizaban con Clara Brugada lo contrarrestaban en las redes sociales.
Se trató de un proceso político inédito en el que destacados militantes y simpatizantes de Morena y/o de la candidatura de Clara Brugada generaron un movimiento, sobre todo en redes sociales, para oponerse a las intenciones de Sheinbaum de imponer a García Harfuch, a quien las y los morenistas no le reconocían méritos para obtener la candidatura, simplemente porque no los tiene.
Su estrategia consistió en dar a conocer los méritos de la ex alcaldesa de Iztapalapa para ser la precandidata, a partir de mostrar su identidad de izquierda y su amplia trayectoria política, y de contrastarlos con las limitaciones del exjefe policiaco en ambos aspectos, además de mostrar los riesgos que implicaba la postulación de este, debido a su trayectoria en los cuerpos policiacos federales.
Tanto en las encuestas previas a la decisión sobre la precandidatura de Morena a la Jefatura de Gobierno, como en las que se han levantado con posterioridad a esta y en las que se realizan careos entre Clara Brugada y Santiago Taboada, ya siendo formalmente los precandidatos de sus respectivas coaliciones electorales, la precandidata de Morena aventaja con holgura al precandidato de la alianza opositora. En Morena entendieron que, como señala Sartori, “la sondeo-dependencia es nociva”.
En la decisión final del partido se ponderó la competitividad de Clara Brugada y la necesidad de conjurar el riesgo de ruptura si se imponía a un candidato como García Harfuch que no era aceptado por la militancia, por más que en la mayoría de las encuestas abiertas a toda la población superara a la exalcaldesa de Iztapalapa.
Si se revisa con objetividad el proceso que llevó a Morena a tomar esta decisión -no solo la decisión en sí misma- es evidente que Clara Brugada ganó la precandidatura única de Morena a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México por méritos propios. Su trayectoria en la izquierda y su trabajo y resultados en la Ciudad de México dentro del movimiento que encabeza López Obrador avalan la decisión del partido de postularla.
El pretendido argumento de que su triunfo se explica únicamente por la aplicación de la “paridad de género” es simplista y parte de una hipótesis construida a partir de desentenderse tanto del proceso político al interior y en el entorno de Morena -que fue lo que realmente definió la precandidatura- como de la trayectoria y el trabajo de más de tres décadas de Clara Brugada en la Ciudad de México, siempre en la izquierda social y partidista. Por eso, coincido con quienes afirman, incluida la propia Brugada, que pretender explicar su postulación solo por la “paridad de género” contiene una buena dosis de estereotipos de género y, en algunos casos, hasta de misoginia.
El pasado 20 de noviembre, en el inicio de la precampaña de Morena para la Jefatura de Gobierno, Clara Brugada agradeció a todos los aspirantes con los que compitió y, en una muestra de magnanimidad en la victoria (Winston Churchill dixit), lo hizo con una especial deferencia al exjefe de la policía capitalina, su principal -por no decir que único- contrincante en el proceso interno de Morena.
El generoso agradecimiento de Clara Brugada al exjefe policiaco- cuya fuerza política y peso electoral dentro de Morena es marginal- se entiende porque la unidad dentro del partido es indispensable para ganar la elección en 2024. Aunque Brugada no le debe la candidatura a Claudia Sheinbaum, quien en todo momento impulsó a su ex secretario de seguridad, este mensaje de unidad tiene como destinatarios a la ex Jefa de Gobierno y a los liderazgos de Morena en la Ciudad de México que apostaron gran parte de su capital político a la precandidatura de García Harfuch en buena medida porque lo veían como el delfín de la precandidata presidencial.
** Todas las referencias a Giovanni Sartori están tomadas de: Homo videns. La sociedad teledirigida, Taurus, Madrid, 1998.
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